Deterioro cognitivo

La Reserva Cognitiva: Qué es y cómo nos protege del deterioro cognitivo

By 10 julio 2018 febrero 8th, 2019 Sin comentarios

¿Por qué unas personas muestran síntomas más severos que otras con el mismo grado de patología cerebral? El concepto de Reserva Cerebral o Reserva Cognitiva nace como modelo explicativo de una parte de las diferencias que se observan en las manifestaciones clínicas entre personas con un mismo grado de daño cerebral. Podemos definir este término como la capacidad que tiene el cerebro de tolerar los cambios ya sean consecuencia de alguna patología sobrevenida como por el propio envejecimiento.

La investigación sobre los efectos de la Reserva Cognitiva dio un salto importante a partir del famoso “Estudio de las monjas” de David A. Snowdon. Este estudio de la universidad de Minnesota cuyo objetivo era comprender el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento y a la enfermedad de Alzheimer, empezó en 1986 con un grupo de 678 monjas de congregación de las Hermanas de Notre Dame en Baviera (Alemania). Las participantes, con una media de edad de 83 años, eran mayormente maestras y profesoras con condiciones físicas y mentales variadas. Los resultados del estudio mostraron que actividades como la lectura, la escritura, mantener relaciones sociales y afectivas de forma activa, así como una alimentación adecuada eran factores que influían en el grado de rendimiento cognitivo que mostraban las hermanas. Pero de todos los resultados obtenidos en el estudio el caso más impactante fue el de la hermana Bernadette quien, con una gran formación académica y sometida periódicamente a pruebas de memoria, no mostró síntomas de deterioro cognitivo y tras fallecer por un infarto su autopsia cerebral reflejó, sorprendentemente, un sustrato neuropatológico típico de enfermedad de Alzheimer de gran severidad.

 

Reserva Cerebral y Reserva Cognitiva

Esta capacidad del sistema nervioso central de hacer frente a los daños producidos por el envejecimiento, por enfermedades neurodegenerativas, o bien por daño cerebral adquirido ha sido fruto de estudio de múltiples investigaciones. Los modelos explicativos que se han desarrollado al respecto han marcado la dicotomía de los conceptos Reserva Cerebral y Reserva Cognitiva.

Entendemos como Reserva Cerebral la propiedad que nos viene dada en relación a factores biológicos y/o genéticos adquiridos. Esta capacidad viene determinada por factores como el volumen cerebral, el número de neuronas y la densidad sináptica. Las investigaciones efectuadas describen que una mayor Reserva Cerebral aumenta la resistencia al daño, convirtiéndose en un factor protector del deterioro cognitivo.

Por otro lado, la Reserva Cognitiva engloba una definición de este concepto de una forma más dinámica. La Reserva Cognitiva es la capacidad que tiene nuestro cerebro de hacer frente a los cambios producidos por el daño cerebral optimizando su funcionamiento.

Es evidente que no podemos modificar el volumen y la composición fisiológica de nuestro cerebro para aumentar nuestra Reserva Cerebral, no obstante, la Reserva Cognitiva se ha asociado a una amplia variedad de factores intelectuales, sociales y físicos que forman parte de nuestra vida diaria y que vamos estimulando y reforzando con el paso del tiempo.

 

Reserva Cognitiva: Factores relacionados

La Reserva Cognitiva, a diferencia de las capacidades innatas y de predisposición genética que describen la Reserva Cerebral, es una capacidad que se va ejercitando a lo largo de la vida mediante la suma de conocimientos y experiencias que suponen una estimulación activa del funcionamiento cerebral.

La educación ha sido, desde las primeras investigaciones, uno de los factores representativos de la Reserva Cognitiva por excelencia. No obstante, también se ha relacionado con este concepto factores del tipo:

  • Actividad lectora
  • Ocupación laboral
  • Estatus socioeconómico
  • Bilingüismo
  • Ejercicio físico
  • Formación musical (tocar un instrumento)
  • Actividad social

 

Reserva Cognitiva y enfermedades neurodegenerativas

El rol modulador que la reserva cognitiva ejerce entre el daño cerebral y sus manifestaciones clínicas ha sido, en múltiples ocasiones, objeto de estudio en el contexto de las enfermedades neurodegenerativas.

Los estudios sobre el efecto de la Reserva Cognitiva han sido bien acogidos por la investigación de la enfermedad de Alzheimer, resaltando su investigación en esta enfermedad respecto al resto.  El papel protector que la Reserva Cognitiva ejerce sobre nuestro cerebro se expresa con una mayor preservación, tanto estructural como funcional, del funcionamiento cerebral. Los efectos de optimización del funcionamiento con los que se relaciona este concepto, se manifiestan, sobre todo, en las primeras fases de la enfermedad, y se asocia a una evolución de Deterioro Cognitivo Leve a demencia más lenta: Es decir, aquellas personas con mayor Reserva Cognitiva tardarán más en mostrar los primeros síntomas de la enfermedad y la progresión de los mismos será más lenta.

 

 

El efecto protector de esta capacidad cerebral también se han manifestado en otras enfermedades como la Demencia Fronto-Temporal o la enfermedad de Parkinson, mostrando mejor rendimiento cognitivo aquellos pacientes con mayor Reserva Cognitiva. En la enfermedad de Huntington esta capacidad se ha asociado con un retraso en la edad de inicio de los primeros síntomas, así como, en la velocidad de evolución de los mismos.

Por lo tanto, el efecto que la Reserva Cognitiva ejerce en las enfermedades neurodegenerativas, se pueden definir como un potenciador de la plasticidad y conectividad neuronal que favorece la adaptación del funcionamiento cerebral frente a los cambios que produce el deterioro patológico. Esta adaptación se logra optimizando el funcionamiento de los circuitos neuronales o incluso usando circuitos alternativos cuando los principales han resultado significativamente deteriorados.  No obstante, si bien es cierto que la Reserva Cognitiva actúa como factor protector en la manifestación clínica de las enfermedades neurodegenerativas, no consigue frenar sus efectos cuando están muy avanzadas.

 

¿Cómo podemos “alimentar” nuestra Reserva Cognitiva?

Como ha demostrado la investigación en este ámbito, cuidarse y mantener una mente activa es muy importante para sobrellevar los cambios cerebrales, ya sean propios del envejecimiento saludable como de alguna enfermedad sobrevenida. Por ello, te proporcionamos algunas pautas para mantener ejercitado nuestro cerebro:

  • Leer: La lectura es una actividad muy completa, estimula la atención, la concentración, la memoria y el lenguaje. La investigación en este ámbito ha demostrado los beneficios que tiene esta actividad en el mantenimiento de nuestra actividad neuronal.
  • Aprender cosas nuevas: Adquirir nuevos conocimientos no solo estimula cognitivamente y nos dota de nuevos recursos, sino que de forma paralela genera nuevas conexiones sinápticas que favorecerán la plasticidad cerebral frente los cambios que se puedan dar en un futuro.
  • Mantener una vida socialmente activa: Socializar de una forma sana y mantenernos rodeados de personas que nos aportan buenas sensaciones no solo nos permite estar activos, sino que refuerza capacidades como el lenguaje, las habilidades sociales, atención, memoria, además de ser una actividad que nos mantiene en un buen estado de ánimo y aumenta nuestra seguridad.
  • Juegos, metas, objetivos: Actividades como pueden ser los juegos de mesa, las cartas, los crucigramas, sudokus o infinidades de juegos que actualmente podemos encontrar en internet nos permiten trabajar capacidades como la organización, la planificación, toma de decisiones o la iniciativa, por ejemplo. Es importante que este tipo de actividades y/o ocio tengan una meta/objetivo claramente definido.
  • Cambiar rutinas: Las rutinas son muy aconsejables para lograr llevar una vida organizada y disminuir el estrés. No obstante, automatizar actividades disminuye la activación cerebral puesto que cuando repetimos tareas el aprendizaje disminuye y la activación cerebral cada vez es menor. Romper con algún hábito en ocasiones, cambiar rutinas o ponerse objetivos nuevos en éstas también es una forma de evitar que nuestro cerebro se acostumbre y disminuya su rendimiento.

En resumen, todas aquellas prácticas diarias saludables que colaboran con el mantenimiento de una mente activa son factores potencialmente favorecedores para desarrollar nuestra Reserva Cognitiva.

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