Síndrome Gilles de Tourette

TRASTORNOS DEL MOVIMIENTO

¿Qué es el Síndrome de Gilles de Tourette?

El síndrome de Gilles de Tourette es un trastorno de inicio en la infancia y persistencia en la edad adulta que se caracteriza por el desarrollo de movimientos repetitivos o sonidos indeseados (tics motores y/o fónicos) que la persona que los padece no puede controlar.

Los síntomas aparecen entre los 2 y los 15 años y los hombres tienen significativamente más probabilidades de desarrollar este síndrome. En muchos casos, puesto que algunos síntomas no llegan a ser molestos, las personas afectadas no requieren tratamiento, no obstante, a pesar de ser un trastorno que no tiene cura se pueden tratar.

En la actualidad, la prevalencia del síndrome de Gilles de Tourette se encuentra cerca del 1-2% de la población. No obstante, debemos tener en cuenta que se trata de una enfermedad infradiagnosticada por ello se estima que la prevalencia sea mayor.

¿Cuáles son los síntomas?

El principal síntoma del Síndrome Gilles de Tourette son los tics. Un tic se define como un movimiento o sonido repentino, breve e intermitente que puede aparecer en menor o mayor intensidad o frecuencia.

Generalmente existen dos tipos de tics según la naturaleza de los mismos:

  • Motores: Tienen como fin la realización de algún tipo de movimiento
  • Vocales: Se caracterizan por la emisión de algún sonido

Tanto los tics motores como los tics vocales se pueden clasificar en simples y complejos de la siguiente forma:

  • Simples: Implican una cantidad de grupos musculares limitada
  • Complejos: Implica varios grupos musculares

Los tics más comunes en el síndrome Gilles de Tourette se pueden clasificar de la siguiente forma:

TICS

Motores

SIMPLES

  • Parpadeo
  • Sacudir la cabeza
  • Contraer los hombros
  • Torcer la nariz
  • Mover la boca

COMPLEJOS

  • Tocar objetos
  • Imitación de movimientos
  • Caminar según un patrón
  • Gestos obscenos
  • Inclinarse, girar o saltar

TICS

Vocales

SIMPLES

  • Resoplar
  • Aclarar la garganta o toser

COMPLEJOS

  • Repetir palabras o frases
  • Decir palabras vulgares, obscenas o insultos

Los tics, además de ser los síntomas más característicos, son los que definen el diagnóstico. Los criterios diagnósticos especifican la presencia de al menos dos tics motores y un tic fónico durante más de un año e iniciación anterior a los 18 años siempre que éstos no puedan explicar su origen en base a otra enfermedad, uso de fármacos u otras sustancias.

Los tics son variables a lo largo del trastorno, además de existir diferentes tipos, varían en frecuencia y gravedad. Se agravan cuando el sujeto está enfermo, nervioso, cansado o según el estado emocional que presente. Además, también cambian con el paso del tiempo, generalmente se observa un agravamiento durante la época adolescente y mejoría e incluso desaparición en la transición a la edad adulta.

Además de los síntomas motores, un 90% de las personas que padecen este síndrome presentan todo un conjunto de síntomas asociados. Entre los más frecuentes encontramos la coexistencia de TDAH, pensamiento obsesivo-compulsivo, pensamiento rígido, ansiedad, depresión, impulsividad, dificultades en las relaciones sociales y trastornos por abuso de substancias.

Tratamiento del Síndrome de Gilles de Tourette

El tratamiento del Gilles de la Tourette debe orientarse al manejo de todos los síntomas que este síndrome puede asociar y no solo de los tics.

El proceso de evaluación neurológica y conductual resulta crucial para establecer un programa de tratamiento dirigido a minimizar el impacto de los síntomas que este síndrome asocia.

En este sentido, existen múltiples opciones farmacológicas para el manejo de los tics y de muchos de los síntomas conductuales. El abordaje psicoterapéutico forma parte también de las estrategias terapéuticas que pueden emplearse para el manejo de la ansiedad, la depresión, la frustración o las ideas obsesivo-compulsivas.

En determinados casos cuya gravedad de los síntomas es imposible de controlar a nivel farmacológico se puede plantear un procedimiento quirúrgico denominado “estimulación cerebral profunda” donde se implantan unos pequeños electrodos en determinadas zonas del cerebro que, actuando de un modo parecido a un marcapasos, consiguen corregir defectos en la actividad de las neuronas responsables de los síntomas.

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