La Epilepsia se describe según la ILAE (International League Against Epilepsy) como un “trastorno del cerebro caracterizado por una predisposición permanente para generar crisis epilépticas y por las consecuencias neurobiológicas, cognitivas, psicológicas y sociales de esta condición”.

En España se diagnostican más de 20 000 nuevos casos de Epilepsia cada año. Cerca de 400 000 personas padecen esta enfermedad, y aunque esta puede aparecer en cualquier edad, la mayoría de los casos se manifiestan en la infancia o a partir de los 60 años. A nivel mundial, se calcula que aproximadamente un total de 50 millones de habitantes conviven con esta enfermedad.

¿Qué es una crisis epiléptica?

Una crisis epiléptica se origina como consecuencia de un exceso de actividad de un grupo de neuronas localizadas en la corteza cerebral. Esta hiperexcitabilidad puede afectar funciones como el movimiento, el comportamiento o el nivel de conciencia. La duración de la crisis suele consistir en segundos o minutos, una vez finaliza, la actividad cerebral vuelve a su normalidad.

Las crisis pueden aparecer en cualquier etapa vital, desde el primer día de vida hasta una edad muy avanzada, hay pacientes que tienen la primera crisis epiléptica a los 90 años.

Se calcula que entre un 2-5 % de la población experimentará un episodio de epilepsia a lo largo de su vida, no obstante, este hecho no implica que se trate de un trastorno de epilepsia, para establecer un diagnóstico se debe haber padecido más de una crisis epiléptica.

Tipos de crisis epilépticas

A grandes rasgos, podemos distinguir dos tipos de crisis: las generalizadas, que afectan a toda la superficie del cerebro y las crisis parciales o focales, en las que la descarga tiene su origen en una región concreta pudiendo extenderse al resto de la corteza cerebral.

Crisis generalizadas

Las crisis generalizadas pueden manifestarse de diferentes formas:

  • Crisis de ausencia: Se caracterizan por episodios de mirada fija o movimientos sutiles como parpadeo o chasquido de labios y, por lo general, pérdida de conocimiento de breve duración.
  • Crisis tónicas: Generalmente causan rigidez muscular y pueden provocar caídas.
  • Crisis atónicas: Causan una pérdida de control muscular llegando a provocar un colapso repentino o caídas.
  • Crisis clónicas: Se manifiestan en forma de movimientos musculares espasmódicos repetitivos o rítmicos.
  • Crisis mioclónicas: De forma similar a las clónicas, las crisis mioclónicas se manifiestan en forma de movimientos espasmódicos breves y/o sacudidas musculares generalmente de brazos y piernas.
  • Crisis tonicoclónicas: Son las crisis más intensas pudiendo causar una pérdida abrupta de conocimiento, rigidez y sacudidas corporales. En algunas ocasiones, causan alteraciones de control de vejiga y/o mordedura en la lengua.

Crisis parciales o focales

Las crisis focales también se pueden subdividir en:

  • Crisis focales sin pérdida de conocimiento: Este tipo de crisis pueden alterar emociones, sensaciones como hormigueo, mareos, visión de luces que parpadean y/o provocar movimientos espasmódicos de una parte del cuerpo. Como indica su nombre, no producen pérdida de conocimiento.
  • Crisis focales con alteración de la conciencia: Este tipo de crisis se caracterizan por la pérdida de consciencia o conocimiento. En algunos se manifiestan en forma de mirada fija y no respuesta al entorno o realización de movimientos repetitivos.

Tratamiento y pronóstico

En todo el mundo 8 personas de cada mil tienen epilepsia activa y por tanto necesitan tratamiento. Afortunadamente, el 75% de pacientes pueden beneficiarse del tratamiento con fármacos pudiendo controlar las crisis y la gran mayoría puede realizar una vida normal. El 25% no pueden controlar las crisis con fármacos, no obstante, algunos pueden beneficiarse de otros tratamientos: cirugía, dieta cetogénica, estimuladores y/o tratamientos más específicos.

En función de la respuesta que el paciente experimenta con el tratamiento se pueden considerar cuatro grupos de epilepsia con pronósticos diferenciados:

Epilepsias espontáneamente benignas

Son aquellas que presentan un escaso número de crisis epilépticas, sin precisar en muchas ocasiones el uso de fármacos, o bien dosis bajas de éstos durante algún tiempo. No se muestran alteraciones en la exploración física, en los estudios de imagen, ni en la inteligencia. El prototipo más común de este grupo aparece en la infancia y desaparece al llegar a la adolescencia con paroxismos centro-temporales. El 20-30% de los pacientes están en esta categoría.

Epilepsias fármaco-sensibles

En general presentan un buen pronóstico. El uso de los fármacos se mantiene durante algún tiempo pudiendo ser retirado posteriormente sin recidiva de las crisis. Dentro de este grupo estarían las epilepsias con ausencias en edad infantil y algunas epilepsias focales del adulto. Se incluye un 30-40% de los pacientes.

Epilepsias fármaco-dependientes

Tienen un pronóstico menos favorable, aunque en la mayoría de los casos se consiga un adecuado control de las crisis, el fármaco no puede ser retirado por la elevada probabilidad de recidiva de éstas al suprimir el tratamiento. Engloba varias de las epilepsias generalizadas idiopáticas, constituyendo de un 10 a un 20% de los pacientes.

Epilepsias fármaco-resistentes

Constituyen del 20-25% de las epilepsias, caracterizándose por su rebeldía al tratamiento, muchas veces desde el inicio de la enfermedad. Los estudios complementarios son claramente anormales. Con frecuencia se asocian a retraso psicomotor o alteraciones psiquiátricas tipo ansiedad y depresión. En algunos de estos casos el pronóstico mejora claramente con la cirugía o con otro tipo de tratamientos.

Cómo actuar ante una crisis

A pesar de que los tipos de ataques epilépticos pueden desarrollarse de diversas formas, la forma de actuar sigue una secuencia muy similar. Se recomienda tener en cuenta el siguiente protocolo de actuación:

Qué hacer

  • Mantener la calma, ya que una vez iniciada la crisis, no la podremos detener
  • Alejar a los observadores y retirar los objetos peligrosos del área
  • Proteger a la persona para que no se haga daño: poner algo blando debajo de la cabeza, aflojar la ropa ceñida que pueda dificultar la respiración y retirar las gafas o cualquier objeto que pueda hacerle daño durante la crisis
  • Con cuidado, poner a la persona de costado, para que cualquier líquido en la boca pueda salir sin causar peligro
  • Mirar con un reloj la duración de la crisis convulsiva. Si dura más de cinco minutos llamar al 112
  • Cuando la crisis acabe, acompañar a la persona hasta que esté recuperada y permitir que descanse si así lo desea

Cosas que NO se deben hacer

  • No forzar a la persona para que abra la boca ni ponerle nada dentro
  • No trasladar a la persona a otro sitio
  • No intentar impedir que la persona se mueva o tiemble, no tratar de parar las convulsiones
  • No intentar despertar a la persona, no gritarle ni sacudirle
  • No darle agua, alimentos o medicación ninguna vía oral mientras dura la crisis

Cuándo solicitar ayuda médica

  • Si la crisis dura más de cinco minutos
  • Si la crisis se repite en un corto periodo de tiempo
  • Si la persona no se recupera por completo después de descansar un rato tras la crisis
  • Si ha habido un traumatismo importante durante la crisis
  • Si la persona que ha tenido la crisis es una mujer embarazada
  • Si la persona que ha sufrido la crisis no padece epilepsia y puede necesitar tratamiento por otra enfermedad aguda

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